
"Barrabás llegó a la familia por vía marítima..."
Yo no sé ni cómo llegué pero cuando me di cuenta ya estaba allí, y allí todo se paró. No recuerdo haber tenido antes una sensación similar. Allí, en la casa, ya no hacía calor, el aire la recorría por completo, todo estaba cayado y tranquilo. Nada se veía con claridad ni falta que hacía. Los objetos y los muebles los dibujaba suavemente en amarillos y negros la luz de la calle, una calle que acababa de dejar y que, desde dentro, parecía aún mas bella tamizada por la selva de sus balcones. Acababa de llegar y ya estaba contento.
Nada más real ni más mágico que estar allí. Podría tratarse perfectamente de algún lugar en Macondo que un día soñara García Márquez o de la casa de los Trueba que nos regalara Allende. Seguro que en la casa había sitio para espíritus y fantasmas, más bien estaba toda llena de ellos pero quisieron hacernos un hueco a los dos.
Esa noche todo era creíble allí, desde encontrarnos a CLARA levitando sobre su bonito suelo mientras cepillaba en silencio su cabellera verde, presentir a BLANCA bella y frágil o ver el dibujo de la estrella que ALBA llevaba en su espalda como presagio de la felicidad. Tres generaciones de mujeres valientes y bellas, tres nombres de mujeres especiales que sólo contienen una vocal. No me cuesta trabajo imaginarme un cuarto nombre de mujer que responda a este realismo mágico.







